martes, 7 de abril de 2009

El chocolate del placer...

La noche es el momento preferido para las artes amatorias. Aunque el resto del día es también bastante recomendable. Por lo general, uno llega cansado de tanto lidiar con gente, ruido, viejas protestonas, locos dementes y el llegar precisamente a nuestro lugar, es reconfortante. Y Viviana Godoy no es la excepción en esta ordalía ciudadana. Luego de cenar frugalmente, junto a su esposo y su chillona hijita, se levanta más que rápido hacia la heladera.

- ¿Dónde está?...
- Dónde está qué... responde Guillermo.
- ¿Dónde está MI OBLEA DE CHOCOLATE.
- ¡Y que se yo donde está!... te la habrás comido escondida como hacés siempre...
- ¿Qué?... yo no necesito esconderme para comer mis chocolates.
- Entonces hay espíritus, o fantasmas... ¡que se comen tus obleas!. Qué lástima que no pasa lo mismo con la comida que preparás...
- ¡Mirá eh!, que se me haya quemado un poco o que se me pase a veces no te da derecho a que me insultes de esa manera.
- ¡Para loc...! digo mi ángel, no te lo dije para que te enojaras conejita...
- ¡Ah!... está bien, casi te quedás sin chanchadas esta noche...
- NOOO que hace unos días que no tenemos acción... y yo ya estoy nervioso, jeje.
- Habrán sido los arcángeles Guillo... a ellos les encanta el chocolate... es parte de su dulzura, de su esencia.
- ¿¿¿??? (sorprendido con la boca muy abierta)... sssiii... seguramente.
- En la Biblia está demostrado que...
- (Interrumpiéndola velozmente) si amor, ya lo hemos hablado y te prometo que le pediremos una opinión al cura párroco, pero no nos desviemos del tema en que estábamos.
- ¿Cuál?... ahhh si, ¡sós un cerdito Guillo!... esta noche me siento salvaje... ¡poseída!.
- ¿Entonces usamos los juguetitos nuevos?... ¡ese látigo con el mango de crucifijo te va a hacer ver a Dios!
- ¡Me humedezco toda, picarón!.
- Ni una palabra más... venga con su abuelito.
- Ay sós un degenerado... esa fantasía de que soy una nena me re calienta.

Sólo un instante llevó que las ropas cayeran al suelo, que los cuerpos se entrelazaran y que el sudor los empapara. Mientras el látigo con mango de cruz se blandía por el aire y chocaba contra la carne, los gemidos y aullidos no se hacían esperar. Viviana, de día una psicóloga muy correcta y reservada, se transfiguraba en un ser erótico y amenazador en las sombras de la noche. Mientras Guillermo cambiaba de rol y se disponía a sentir en su cuerpo el deleite secreto de su esposa, la pasión alcanzaba niveles insospechados.

Horas más tarde, hacia las 2:00 AM y después de tanta lujuria desenfrenada, la voz de Viviana se hace sentir.

- Guillo...
- Mmm...
- Antes que te duermas.... ¿no me vas a comprar una Tita de chocolate para comer?...