sábado, 28 de febrero de 2009

La ducha es una lucha

Jorge Vega es un obrero. Vino a la ciudad con ambiciones elevadas... ¡comer por ejemplo!. Es que en su lugar de origen (un monte perdido alrededor de... ¡más monte!), el hambre apretaba bastante. Pero hoy, la vida le sonríe. Se ha transformado en un albañil, o mejor dicho un ayudante de albañil. Todo un logro.

Luego de doce arduas horas de trabajo, llega a su habitación en la pensión en la que vive.

-¡Qué tal vecino!... está brava la calor, ¿no?.
-Si, bastante.

El efusivo vecino es un viejito al que el comentario de todos los días lo tiene harto.

-¡Ah!... no hay como "yegar" al hogar, a la comodidad de esta pieza... que se cae de humedad, por otra parte.
-Si... si.
-"Vamo" a escuchar música un rato Don.

La mirada lejana y esquiva se transforma.

-Ah, música... si pero no taaan fuerte ¡eh!... Me estás por dejar un poco más sordo vós. Encima con esas músicas modernas...
-¡Qué!... no le gustan los "Moder Tolkin"... esos cantan re bien.
-Ah, si... cantan...
-O no le gusta la música para hombres...
-Si está bien... ¡¡¡poné poné!!!

Era preferible cualquier cosa antes que seguir insistiendo con esa conversación estéril y sin sentido.

-¡Pero decime vós!, ¿no te pensás bañar antes? Viste que el calorcito deja cierto olor en el cuerpo ...a veces (con sutileza)... más si uno hace ese trabajo al que vós te dedicás.
-¿Lo qué?... Nooo, me "vaño" mañana... hoy estoy muerto.
-Si, eso me dijiste hace tres días.
-¿Si?... y bué, si no queda otra... no vayan a decir que le escapo al agua... jaja.

El noble anciano se levantó lentamente. La cuestión de la ducha, a la que escapa su vecino le era muy conocida y sospechó que ese día no hiba a ser diferente a los otros. Si tantos decibeles eran apenas tolerables... el sudor ajeno... ¡no!.

-Hasta mañana, nene. Me voy a dormir.